Ambato

El largo feriado de Navidad nos inspiró a viajar, esta vez hacia la ciudad de Ambato, Provincia de Tungurahua. Nuestro destino se encontraba a 120 km desde el sur de Quito, por lo que, nos dispusimos a salir antes que el sol y llegar a desayunar los mejores panes de la región.

Antes de iniciar la aventura, como de costumbre, estudiamos un poco. Descubrimos que fue destruida por varios terremotos, el más fuerte el 5 de agosto de 1949, este

arrasó con todo, dejando a su paso miles de muertos, heridos y una ciudad completamente devastada. Tanto así, que tuvo que ser refundada luego del evento.

A pesar del dolor de los habitantes, la ciudad logró levantarse nuevamente en menos de dos años, convirtiéndose en uno de los más importantes centros administrativos, económicos, financieros y comerciales del Ecuador.

Y, como si fuera poco, se dio inicio a “La Fiesta de la Frutas y de las Flores”, la cual constituye una de las más hermosas celebraciones alrededor del país. La Fiesta nace como una manifestación de la voluntad de los ambateños, aceptando el precio propuesto por la naturaleza a la belleza y fecundidad concedida a sus tierras. La primera se llevó a cabo el 17 de febrero de 1951 y se mantiene hasta la actualidad.

Luego de la impactante historia a todos nos vino a la mente la frase popular: “De una”. Así que Ambato se convirtió en el primer destino del feriado.

Lo primero que nos sorprendió fue la limpieza de sus calles adoquinadas y sus parques; sobre todo el “Juan Montalvo”, que, como esperaba Navidad, vestía sus mejores galas.

Ya saben que si no hablamos de comida típica no somos nosotros, así que preguntamos por aquí y por allá para asegurarnos de ir a los lugares indicados.

Ambato brinda una gran variedad gastronómica. Su plato más característico son las tortillas con chorizo (llapingachos), que consta de tortillas de papa, chorizo, huevos fritos y aguacate.

Destacan también, la caucara, la fritada, guaguamama, chinchulines, el yaguarlocro, las afamadas gallinas asadas y el reconocido pan de Ambato.

La lista estaba hecha, así que fuimos por las delicias del lugar que nos habían recomendado.

Los ambateños nos recibieron de la única manera que conocen, cordial y amablemente. Nos hicieron sentir como en casa.

También descubrimos un mercado mayorista gigante por la zona digno de una pequeña parada. Allí pudimos encontrar un poquito de todo: variedad de frutas y

verduras, almuerzos deliciosos, refrescantes jugos naturales y hasta piedras de volcán que algunos comerciantes ofrecían a los turistas.

Antes de seguir con la ruta programada, decidimos tanquear en la P&S más cercana, en la Estación de Servicios Ballesteros 1, ubicada en la Av. Atahualpa 324 y Shyris, para irnos confiados durante el viaje.

Y nos fuimos con la sensación gratificante de visitar a un pueblo amable, lleno de historia y con pasión por su tierra, sus frutas, volcanes y panes, que son capaces de detener su auto para que tomes una foto y de darte la bienvenida con todo el sabor de sus aliños.

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