Otavalo

Si llegaste a este blog seguramente te apasiona viajar, explorar y conocer historias. Hoy te quiero contar acerca de un pequeño pueblo que se encuentra a dos horas de Quito en las altas tierras andinas, se llama Otavalo.

Nos sentimos atraídos por las hermosas leyendas indígenas que se cuentan por esta zona, sobre todo acerca de la Laguna Cuicocha.

Según cuentan, hubo una época donde había muchísima sequía y debían sacrificar una doncella para calmar las iras del Taita Imbabura, el volcán padre. (Considerado en ese tiempo como un Dios)

Los pobladores eligieron a una hermosa indígena llamada Nina Paccha, pero su enamorado Guatalquí no estaba dispuesto a perder a su amada, así que ideó un plan y huyeron juntos. El pueblo los persiguió y cuando estaban por alcanzarlos, el cielo se iluminó y Nina desapareció; el Taita la había convertido en laguna. Para más sorpresa, un relámpago alcanzó al joven amante y lo convirtió en un árbol lechero, para que fuese el vigilante eterno de su querida Nina Paccha.

Los pueblerinos no podían salir de su asombro, quedaron inmóviles observando los sucesos, hasta que una fuerte lluvia empezó a caer  sobre los campos.

Hace ya más de 800 años que el lechero vigila a  su doncella y se ha convertido en un árbol sagrado para los otavaleños. En tiempos de sequía se reza para que llueva sobre los sembríos.  Se llevan ofrendas, con los primeros choclos de las cosechas y con ocasión de los entierros o aniversarios de fallecimientos, se entregan mote, alverjas, tostados y cuyes.

¡Cuántas sorpresas nos ofrece Otavalo! Las cataratas de Peguche están a unos 10 minutos en coche del Lechero. Están rodeadas por un pequeño bosque por donde se puede pasear y tiene una zona de camping perfecta para pasar un buen rato en familia o con amigos. Si quieres darte un chapuzón puedes disfrutar de unas piscinas naturales tranquilamente. ¡Nos pareció un lugar muy especial!

Además de sus leyendas, Otavalo es un lugar conocido por sus artesanías. Cuenta con un enorme mercado donde se pueden apreciar auténticos tejidos tradicionales, joyas, sombreros, ponchos, hamacas y muchísimos artilugios hechos a mano.

No podíamos irnos sin antes visitar el Lago de San Pablo. Aunque es una laguna helada, anualmente se realiza una competencia de natación famosa por su grado de dificultad, solo los “duros” se apuntan.

La vista es increíble y se puede disfrutar de su exclusiva fauna. Alrededor de la laguna crece la planta de totora, la cual provee a los nativos de una fibra vegetal con la cual fabrican medios de transporte para el lago, elaboran canastas y todo tipo de artesanías.

También pudimos observar que se practican deportes como el remo, el canotaje y la pesca deportiva.

Caía ya la tarde cuando alguien recordó los deliciosos bizcochos, ¡tienes que probarlos! Son muchísimos los locales que los venden, puedes acompañarlos con café o chocolate caliente.

A la salida de la ciudad pusimos gasolina en la estación de servicio P&S de Los Lagos. Son los mejores y siempre nos sentimos seguros cuando están cerca.

Nos volvimos a casa llenos de energía, y escribimos este artículo con el deseo de que te motives a visitar Otavalo.

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Nosotros seguimos viajando y descubriendo hermosas leyendas en el país donde las distancias son cortas y los corazones grandes. #NadaEsLejos

 

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